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Los silencios de Lucía Etxebarría

No es una novela negra. Tampoco un thriller. ‘El contenido del silencio’ narra la historia de Gabriel, un joven acomodado cuyo mundo se tambalea al recibir una llamada. Su hermana Cordelia, con la que no mantiene relación desde hace una década, ha desaparecido en Canarias. Todo apunta a que se trata de un suicidio, parte del ritual de una secta.

Así comienza la última novela de Lucía Etxebarría. Una trepidante historia de amor y desencanto, así como de conocimiento individual. Un viaje interior de autodescubrimiento en el que se entrelaza la pérdida a través del amor, la lealtad, el deseo y la traición. La autora reflexiona en torno al significado del título elegido para su obra ‘El contenido del silencio’. Con una sonrisa constante pero con una voz a punto de desvanecerse, toma un trago de su receta secreta: miel, zumo de limón, agua caliente y coñac. Me sugiere que lo cuente por si puede servirle el remedio a algún lector o lectora de Nonada.es. Le pregunto, ¿qué contiene el silencio? Tras un suspiro prolongado reconoce que “esconde los secretos, las cosas que uno no puede contar. Nuestro propio yo, la intimidad y los miedos”, pero también la autoreflexión y el descubrimiento de uno mismo, apunta, tal y como les ocurre a Gabriel y Cordelia. De ahí el motivo de su distanciamiento.

La obra, basada en hechos reales pero con personajes y nombres ficticios, tiene giros constantes e imprevisibles. La acción se desarrolla a caballo entre Tenerife y Fuerteventura y los protagonistas son ingleses. La autora comenta que históricamente no podía ser de otra manera ya que en los años 60 había una estrecha relación comercial entre Canarias y Reino Unido por la exportación de plátanos.

Lucía Etxebarría ha mezclado en su novela sectas, nazis y extraterrestres con un discurso realista que consigue atraparte página tras página. Canarias es la Comunidad Autónoma española con mayor presencia sectaria. La policía de las islas ha registrado alrededor de 40 sectas en la zona con más de 10.000 adeptos. Durante la etapa de la Alemania nazi muchos fueron los que se interesaron por este enclave por su potencial geoestratégico; antropólogos y pensadores del momento quisieron estudiar los restos de huesos de los antiguos pobladores.

La secta que la autora describe podría relacionarse en la actualidad con grupos ultra católicos como los Legionarios de Cristo, el Opus Dei o el Camino Neocatecumenal. Etxebarría sostiene que es por estos grupos, alejados de los Jesuitas y la Teología de la Liberación, por lo que ella dejó de creer en la Iglesia vaticana. “Van contra el derecho canónico y violan el derecho de confesión e intimidad. Incumplen el derecho penal y civil y es por ello que decidí mantener una relación personal con Dios, porque yo sigo siendo creyente”.

Etxebarría, al igual que Gabriel, afirma que no sirve para tener pareja al uso. Lamenta que en España sigamos arrastrando la estela de sociedad patriarcal. Se pregunta por qué se perdona una infidelidad si el culpable es un hombre pero no si es una mujer. “¿Por qué en el siglo XXI sigue siendo la mujer la encargada de cuidar de los hijos y la casa? Vamos, la mujer que decida unirse a un hombre español debe tener valor, porque tan sólo el 7% colabora al 50% en las tareas del hogar y los niños”, reconoce con una amplia carcajada. Le gusta que cada vez haya más mujeres en política pero le enfada que tan sólo sean fachada y que los secretarios generales sigan siendo hombres.

No le gustan las preguntas de siempre y huye de las clásicas sobre su libro o su vida personale. Dice estar cansada porque es “difícil trabajar con tu alter ego en la red”. Reconoce estar un poco indignada es con el pasotismo de la Casa Real ante la noticia de la presunta apropiación ilegal de Iñaki Urdangarín. Le duele que en una situación de crisis como la actual, en la que el Duque de Palma, que cobra cerca de un millón de euros más extras (más los 250.000 que cobra la Infanta Cristina por un puesto sin tienen responsabilidad ejecutiva), pueda haberse adueñado presuntamente de dinero público. “Me indigna por la carga simbólica que podría tener”, afirma.

Reconoce que este es el primer libro que necesita vender. Subraya que la situación actual está pasando factura a los escritores por la creciente piratería. Dice no tener equipo y se muestra orgullosa de ser su propia editora. Comenta que cuando acaba su novela la deja reposar y después, cuando la cree publicable, la vende al mejor postor. Es cierto que esta vez contó con la revisión de seis historiadores porque tocaba temas peliagudos y no quería que saliera con ningún error.

Se acomoda en el sofá y sonríe. “¿Quieres un titular?”, me pregunta. “Yo le podría dejar mi marido un rato a alguien, pero si me tocan mi novela me da un infarto. Cada una tiene sus prioridades, ¿qué se le va a hacer?”, concluye con naturalidad.

Publicado en Nonada.es el 21/11/2011

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